Mi novia es alguien que llegó despacio y se quedó hondo. No es perfecta ni pretende serlo, y eso es parte de lo que más amo de ella. Tiene una sensibilidad que a veces la hace dudar, pero también una fortaleza silenciosa que la sostiene incluso cuando no se da cuenta.
Me gusta cómo siente: con intensidad, con miedo, con cuidado. Me gusta cómo ama, aun cuando le cuesta, aun cuando no está segura de sí misma. Tiene una forma muy suya de estar presente, de escuchar de verdad, de preocuparse por lo pequeño.
Hay días en los que se ve frágil, pero no lo es; solo es honesta con lo que siente. Y eso, para mí, es una forma de valentía. Me enseña a ser más suave, más atento, más humano. No me salva, pero me acompaña, y eso vale más.
Con ella no todo es fácil, pero sí real. Y en un mundo donde casi todo es superficial, ella es profundidad. Es calma y tormenta, duda y entrega. Es hogar incluso cuando ninguno de los dos sabe exactamente dónde está parado.